Rayacoches

Xoan Carlos Gil. La Voz de Galicia
Las últimas horas de luz de un día que todavía recorre los estertores de las seis de la tarde nos recuerda que el invierno y el cambio horario permanecen en nuestras vidas. A la jornada todavía le quedan algunas horas de ajetreo en los comercios, de ruido en el paseo, de luces que irradian establecimientos abiertos, como esta zapatería. Esa calma vespertina, sin embargo, es el campo abierto donde renace el crimen, donde beben el elixir del mal los lobos solitarios. Así lo avisa un cártel explícito fijado con celo en la fachada de una de las fincas de la calle: se busca al «viejo que ralla [sic] coches y mete palillos en las cerraduras». Se trata de un criminal sin sueldo ni beneficio, que ahonda en el sufrimiento del vecindario, dañando sus posesiones, atacando la propiedad privada de los otros. Ayer, los periódicos locales informaron de su enésima detención y de la apertura de expediente, lo que podría suponer el principio de la normalidad en un barrio atemorizado por su vil empresa. 

Pese a lo estrafalario que nos resulta la historia de personas como la de este señor de 79 años, aficionado al mal común tanto como si de jugar al dominó todas las tardes se tratara, en realidad no es más que una nueva forma que tiene la soledad de mostrarse ante el mundo. Quizá sean muchas y variadas las razones de calado psicológico, incluso que llevan a este vecino de Vigo a reincidir en el arte de hacer la puñeta al prójimo. Pero la estampa sobre la que reposa el cartel que denuncia su imagen y la hace pública para rencor de víctimas y prevención a nuevos afectados reivindica que la fuerza de la soledad, que oculta almas tanto como remueve comportamientos viscerales, está detrás de los dolorosos rayajos, de la hiriente obstrucción de cerraduras a base de destructores palillos. 

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