Al pino de la Murta


Este martes, 26 de febrero de 2019, se cumplen 30 años desde que un viento implacable y furibundo tumbó en Bullas (Murcia) uno de sus emblemas: el  hermoso pino centenario de la Murta. Reproduzco aquí un pequeño juguete sin rima que escribí en homenaje machadiano.


Al pino de la Murta

Es hoy apenas polvo sobre arena,
una caricia en una piel dormida,
la propuesta inteligente del necio,
el silencio de un martes de mercado,
sombra en asfaltos de sol de septiembre
que dejó de dar sombra.

Cuando el Muro iba a dejar de ser muro,
la racha, un viento de final de era,
tumbó su altura, deshizo su esencia
como un relámpago, un abrazo roto,
en la crudeza del grisáceo invierno
de aquel febrero triste.

Redoblaron los huesos contra el suelo,
temblaron las ventanas, los corrales,
anunciando en el pueblo la caída
de su amable Gulliver abietáceo,
elevado y apiñonado emblema
de un pasado horizonte.

No pocos aún te recuerdan, pino
de la Murta, hoy muchos te veneran
como al dios que fue, pero nunca ha sido
dueño de la vida y de las alturas
o raíz de futuro: un resistente
a los cambios del aire.

Como ellos, yo te siento en mi ADN,
te percibo en la sombra del templete
contemplando tu tronco en relicarios.
Y, sin embargo, noto que ese tiempo
ya no es nuestro. Ha pasado. Se fue
envuelto en cinamomos.

Tras de ti queda un pueblo dividido,
una rama partida en dos presentes,
entre quienes hacia el sur ven tu estela
y entre quienes desconocen tu historia,
no imaginan tu tamaño, la huella
de un pino centenario.

Antes que el céfiro borre del todo
tu leyenda de pino derrocado,
antes que la luz consuma tu rastro
dibujado por las nubes de abril,
pino, quiero anotar en mi cartera
la flor de tu recuerdo.

Quizá, de tu experiencia nazca el fruto
de un nuevo febrero en que nunca olvide
la fortaleza de la tierra amada
—y la debilidad de su prestancia—
cuando en las alturas uno es propenso
a caer para siempre.

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