Crónica vigente

Hace ahora cuarenta años, la periodista Rosa Montero escribió Crónica del desamor, un retrato desinhibido y dinámico de la frustración amorosa a través de la realidad de Ana, otra joven periodista apesadumbrada por las circunstancias de su presente y agobiada por un futuro en soledad. En una entrevista previa a la presentación de la obra, que tuvo lugar en la librería Antonio Machado a cargo de Juan Luis Cebrián, la autora señalaba que el suyo era un «libro efímero». «Y me parece muy bien que lo sea», añadía la escritora. Por fortuna para sus lectores, para quienes durante estas cuatro décadas hemos ido rescatando del olvido esta ópera prima, Rosa Montero se equivocó. Crónica del desamor es un reflejo fiel de la realidad española (principalmente, madrileña) de 1979 y, además, es ya todo clásico pues su mensaje, su crítica, sigue hoy vigente. La España machista y desigual, la del techo de cristal y los abusos, la de la fanforronería masculina y la brecha salarial, sigue presente a pesar de los 40 años transcurridos.

La novela, que —como reconocía la propia Montero ante su publicación— toma la ficción como mero accesorio sobre el que hacer caminar una especie de reportaje, narra desde el foco omnisciente de las propias vivencias de la escritora el desalentador presente que ha de vivir una mujer de 30 años, periodista sin contrato y con un hijo desatendido por su padre, en el Madrid postfranquista y preochentero. A través de la realidad de la protagonista, la obra nos presenta varias pinceladas de la abyecta actualidad que bien debió de conocer la autora en esos años. Resulta esperanzador observar cómo el lenguaje literario ha variado poco en sus esencias y, a excepción del léxico con el que se representan los objetos, todo podría contarse hoy, refiriéndonos al mundo de 2019 como lo hace la novela para 1979.

De ese tiempo que ya es nuestro quedan detalles alumbradores como las conversaciones en torno a los anticonceptivos, las historias secundarias de aventuras psicotrópicas en el Galáctica o el aroma sin remedio a pachulí. Sin embargo, lo verdadero relevante está en lo que no ha envejecido, en lo que hace de Crónica del desamor una crónica del desamor del siglo XXI. Ello queda resumido en el capítulo ocho, cuando la descripción de la protagonista vira hacia su inmediato pasado:
Y Ana suspira, desolada: le es más fácil escribir hacia el pasado que aventurarse en el futuro.
La voz narradora cuenta la incursión laboral de una Ana adolescente en un universo gobernado por hombres que ven en la mujer una amenaza, que miran su cuerpo como un elemento más de su patrimonio o, directamente, se masturban ante en ella en el cine. Por estos y otros retazos del cosmos machista dibujados con realismo e ironía, la novela fue acusada de feminista, cuando no era esa la pretensión de la propia Montero. El principal acusador fue el gran Francisco Umbral«no por feminista, sino a pesar de, [Rosa] ha conseguido un libro reventón de vida, irregular y pleno, furiosamente desigual». Es posible que, para Umbral, dotar de tanta libertad intelectual a un personaje femenino y mostrar sin tapujos un cuadro polifónico de testimonios femeninos poco habituales en la novela española supusiese el impacto de un manifiesto feminista, pero Crónica del desamor no deja de ser periodismo novelado, la fotografía de una realidad demasiado evidente como para haber sobrevivido intacta 40 años. Por todo ello, quizá, podamos decir que, al contrario de lo que vaticinaba su autora, no es esta una narración feminista y efímera, sino un espejo directo y necesario con el que seguir observando el presente. 

Crónica del desamor, Rosa Montero, Debate Literatura, 1979

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