La Murcia vacía

Reconstruyendo el tópico, Góngora describía en uno de sus más famosos versos la suerte inevitable a la que está abocada la vida, y no solo la belleza de la amada en su efímera mocedad: 
En tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.
El destino indefectible de los humanos que, en gradación y revestido con el asíndeton, el vate cordobés inmortalizó encuentra un perfecto encaje en la descripción del paisaje físico y moral que supone la España vacía. La expresión, que debemos al periodista y escritor Sergio del Molino, ha pasado, desde su irrupción en 2016, de ser el título de un fabuloso ensayo sobre el derrumbe demográfico de las zonas rurales del país a convertirse en una bandera, el emblema de una nacionalidad cultivada por sus habitantes desde el abandono, desde el dolor por el más injusto olvido. La España vacía hoy es una nación en extinción, una lengua amenazada, un elemento folclórico más a la espera de nuevos investigadores. A esa idea se une como un incontestable argumento el libro Una vida retirada. Inazares, de camino hacia el cielo, del periodista Antonio Fernández Jiménez. Este supone una aportación más —afortunadamente original—, tras títulos como La España vacía, de Sergio del Molino o Los últimos, de Paco Cerdà, a la fosilización del testimonio «de esa España que pasó y (sí) ha sido/ esa que hoy tiene la cabeza cana», como cantara Machado. 

Una vida retirada es un bello reportaje periodístico, ejemplo y defensa de las potencialidades informativas y artísticas del denominado «periodismo narrativo». Su autor justifica ese objetivo en su nota inicial: «Gracias a las herramientas de la ficción, el periodismo puede ser un arte que construya obras amenas, cercanas, emocionantes, vivas». Y así lo demuestra en las 200 páginas posteriores. Los resortes de la narrativa de ficción dinamizan la lectura de una fotografía viva, todavía caliente, de la realidad de un minúsculo pueblo enclavado en el más remoto paraje del noroeste murciano. La literatura no está presente solamente en los intertextos, que van expresando las lecturas previas que autor y lector comparten, sino en el manejo de la prosa artística en constante combate con el rigor y la necesaria búsqueda de la utópica objetividad del periodista.

En ese último aspecto, es precioso destacar la ausencia del periodista como personaje dentro de la historia. Este hecho, además de marcar una diferencia notable respecto a las obras de Del Molino y Cerdà, supone un soplo de aire 'viejo' que parecía ir extinguiéndose en el discurso periodístico actual del mismo modo que lo hace Inazares como comunidad cultural. La información, para que llegue al receptor con las necesarias garantías de —al menos, en apariencia— veracidad, relevancia, actualidad y oportunidad, debe evitar cualquier atisbo de presencia (y mucho menos, protagonismo) de quien es el encargado de redactarla. Esta máxima, que hasta hace unos pocos años se inculcaba reiteradamente en las Facultades y Escuelas de Periodismo, hoy se ha volteado en el predominio de un periodismo innecesariamente interpretativo, elaborado desde la ambición de reconocimiento social y no desde la voluntad de favorecer que el desinformado conozca lo que a su alrededor acontece. Es de agradecer que, en su trabajo, Antonio Fernández Jiménez no narre o describa sus propios movimientos en su incursión al alma de Inazares y que deje que sean la voz y las acciones de Julián, Paco o Francisco del Pilar las que resuenen en el libro desde las profundidades de ese rincón olvidado de la Región de Murcia.

La obra de Fernández Jiménez —la primera de muchas que, afortunadamente, están por venir— nos regala un testimonio que, de lo contrario, se habría perdido para siempre. En otros pueblos desaparecidos, también en Murcia, muy cerca de Inazares, su intrahistoria, la que conforma la realidad y la sabiduría de sus gentes, es hoy, tan solo, una tierra que ya nadie cultiva, el humo invisible de una chimenea abandonada, el polvo de los caminos de acceso, la sombra de los cipreses bajo la que moran sus restos, la nada de tantos otros miembros de la España vacía que no fueron escuchados.  
Los huesos, los restos que queden de ellos que otrora estaban perennes, hoy estarán bajo tierra, olvidados en la memoria subterránea del cementerio. (Pág. 76)
  Una vida retirada, Antonio Fernández Jiménez, Círculo Rojo, 2019.

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