Nuevos hábitos lectores

La lectura como actividad personal de comunicación pasiva ha experimentado dos grandes cambios a lo largo de la historia. El primero se desarrolló a raíz de la invención de la imprenta en el final de la Edad Media. Y el segundo, tras la irrupción de internet y la diversificación de dispositivos electrónicos. Este último hito histórico, de cuyos primeros años estamos participando, supone una transformación del paradigma de la propia lectura como actividad y, por tanto, exige nuevos planteamientos para favorecer su realización, sobre todo, entre las generaciones más jóvenes. 

Como lector que desarrolló su hábito en la lectura analógica, hoy conocida como "tradicional" o "clásica", reconozco mi desapego hacia los soportes electrónicos. La propia lectura en la pantalla del ordenador me resulta incómoda, efímera y fútil. Sin embargo, entiendo que no sea así en mis alumnos. Conocedores de las ventajas intrínsecas de los dispositivos electrónicos, los miembros de la generación z han desarrollado la habilidad para la lectura en estos soportes previamente a la de leer libros impresos. Es por ello que, como nos señala la experiencia, aquellos nuevos lectores que debutaron en el libro electrónico o en una tableta desarrollan esta actividad de manera más cómoda, emocionante e intensa que cuando son obligados a enfrentarse a letras impresas en un papel. En ese caso, resulta obligatorio afianzar los placeres y beneficios de la buena lectura (la que aprendieron a desarrollar vía electrónica) haciendo uso de los mismos soportes.

/Tina Franklin CC
La evidencia expuesta, sin embargo, no recoge lo que todavía son obstáculos en la promoción de los nuevos hábitos lectores: la falta de recursos para llevarlo a cabo. Como docente en centros públicos he experimentado las dificultades para que todos los alumnos puedan acceder a un libro electrónico o tableta, tanto dentro como fuera del horario lectivo. La lectura digital debe realizarse, en estos casos, en el aula de informática, frente a la incómoda barrera de la pantalla de ordenador, alejada de las ventajas táctiles y visuales de los mencionados dispositivos.

El papel, por tanto, se convierte en la nueva alternativa, en la solución al problema inicial de no poder ofrecer herramientas para la lectura digital. Es ahí donde radica la dificultad para el fomento de la lectura, para la consolidación del hábito lector en los alumnos. Una de las más eficaces estrategias para superar el obstáculo de crear hábitos lectores en alumnos "digitalizados" mediante libros impresos es la realización de actividades lectoras en clase. La lectura comprensiva y oral en el aula en los primeros cursos de la ESO o la dramatización de textos en cursos superiores ayuda a aproximar a los discentes al sentido de las palabras, al valor de los estilos y, sobre todo, a la profundidad de las historias que encierran. 

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