Amor decimonónico

El amor también envejece y se transforma con el paso del tiempo. Lo vemos en esta transición social a una nueva edad de la que todavía desconocemos su nombre, donde amar está transformado su conjugación para adaptarse a las necesidades que hoy influyen en los individuos. Como bien señala la novela de Isaac Rosa, Feliz final, el amor ha dejado de ser la misma actitud de afecto colectivo que suponía para unas pocas generaciones anteriores, para convertirse en un producto más, disponible para su consumo caprichoso y, con ello, susceptible a la obsolescencia que propugna el signo de los tiempos. Esta nueva forma de amar está tan distanciada de la de nuestros padres como la de estos está del amor decimonónico, ese sobre el que reflexionaron tantos autores realistas y modernistas en las postrimerías de la sociedad estamental. Kate Chopin y Edith Wharton, pese a sus diferencias, pueden aportarnos dos buenos ejemplos de ello.

El despertar, de Kate Chopin, es un alegato a la liberación individualista de la mujer en un contexto de encorsetados esquemas sociales. Edna, esposa de un reconocido empresario de Nueva Orleans y, por tanto, partícipe de los lujos que la vida de la alta sociedad le ofrece, responde a la imposición patriarcal con rebeldía insólita en su tiempo, haciendo y deshaciendo los nudos que abrazan su destino, ante el estupor de su círculo social y familiar. La fuerza que mueve los designios de Edna no es el afán de libertad, la ruptura de las cadenas morales en las que está sujeta socialmente. El motor para la rebeldía de la protagonista es el amor, que busca en un joven carismático, llamado Robert. La liberación de Edna depende de la respuesta del amado, no de la intelectualizada voluntad del personaje femenino. El amor marca el devenir del hombre y de la mujer, lo mueve y lo paraliza todo hasta sus últimas consecuencias. 

Ese amor omnipresente, como valor último al que aspirar en un momento histórico de consolidación de la desafección religiosa, también practica su hegemonía en Las hermanas Bunner, de Edith Wharton. Dos hermanas solteras y de una edad demasiado avanzada para poder casarse según los patrones sociales de la época— experimentan, con la irrupción en sus vidas de un objeto tan inocente como un reloj, la transformación de su existencia, arrastrando hacia ellas la peligrosa presencia de un hombre: desequilibrio en el equilibrio, ruptura y catástrofe en la feliz y monótona calma doméstica. El matrimonio de una de las hermanas conforma el declive de sus vidas y asienta en el ideario finisecular la imagen del amor como amenaza, como castigo. 

Quizá esa forma de amar dibujada en las novelas decimonónicas no esté tan alejada de la que hoy practicamos. Es probable que, en realidad, como creemos que amamos es solo un espejismo de lo que las pantallas nos invitan a pensar. Debemos seguir leyendo a los clásicos para descubrirlo. 


El despertar, Kate Chopin, 1899.













Las hermanas bunner, Edith Wharton, 1916

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